Juegos Olímpicos de Invierno: Hace historia al ganar un oro con 41 años y dos hijos sordos, uno con síndrome de Down

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Elana Meyers Taylor, campeona de monobob, bate el récord de longevidad de un campeón olímpico individual en invierno y es un ejemplo de lucha vital

Se mire por donde se mire, ésta es la historia de los Juegos. «¿Quién no va a ser fan de Elana? Es una deportista increíble, una persona increíble. Es una especie de madre del bobsleigh para todos. Y tiene un gran corazón», dijo Melisa Lothoz, la canadiense que fue sexta en la prueba de Monobob femenina.

El dato, y así quedará reflejada por lo menos durante cuatro años, dicta que Elana Meyers Taylor se convirtió en la noche del lunes en la campeona olímpica individual más veterana de la historia. Superó en la última bajada a Laura Nolte por cuatro décimas, en un pulso que también fue una batalla tecnológica entre Honda y BMW. Tiene 41 años y 130 días. Tiene un espíritu vital que deja boquiabiertos a todos los que conocen su historia.

Elana es madre de dos niños sordos, de 5 y 3 años, uno de ellos con el mapa genético del Síndrome de Down. Elana es hija de Eddie Meyers, jugador afroamericano que estuvo enrolado seis años en los campus de verano de los Atlanta Falcons, que nunca llegó a jugar un partido de la NFL en la temporada regular, sólo en pretemporada, porque su condición de Marine le obligaba a regresar al ejército cada año. Cuando lo reclutaron, se fracturó un dedo de un pie y lo cortaron esa semana. Elana, en fin, está casada con Nick Taylor, piloto de bobsleigh que nunca llegó a ser olímpico y hoy trabaja como quiropráctico en la NBA.

Fue su madre la que en 2006, viendo los Juegos Olímpicos, le animó a que practicase el bobsleigh. Tenía la rapidez de fibras de los deportistas de raza negra por su padre -los que le han generado a veces ataques racistas-, la fuerza y explosividad que da el softball, el deporte que practicaba y la igualdad de género estaba creando grandes oportunidades olímpicas.

En sólo cuatro años ya tenía colgado un bronce en el trineo de dos. Luego vendrían dos platas (Sochi 2014 y Pyoenchang 2018), un doblete (plata en monobob, bronce en bob2 en 2022) y el lunes, el oro. Un maravilloso sueño olímpico que comenzó con 11 años cuando fue relevista de la antorcha en los Juegos de Atlanta, en su Georgia natal.

Pero Elana, sobre todo, pelea por algo que no se condecora con medallas. Lucha por darle la mejor vida posible a Nico y Noah. Está perfeccionando el lenguaje de los sordos para poder entenderse mejor con ellos. Tanto como su marido. Es la forma en la que se comunican en casa.

En un blog que escribió para la web del Comité Olímpico Internacional antes de Pekín 2022 contaba los malabarismos que tenía que hacer con su vida para atender a Nico, el mayor que también tiene Síndrome de Down -era tal su deseo de ser padres que no hicieron prueba alguna previa-, y al que unos implantes auditivos le ayudaban a mejorar. «Está cerca de poder hablar más allá de mamá y papá, que ya dice», escribía.

Los implantes cocreales, distintos de los audífonos porque se colocan con un bypass evitando las partes dañas del oído directamente al nervio auditivo, requieren una cirugía complicada. A Nico se lo pusieron a los 21 meses, a Noah, con 7.

«Que tengan que abrir la cabeza a tus hijos siempre es un episodio duro», reconoce. Más cuando al pequeño le tuvieron que repetir la operación. Fue el verano pasado, cuando preparaba Milán-Cortina. «Esto era más importante que fuera yo o no a los Juegos». Viaja con los niños y con una niñera, una ex deportista de bobsleigh.

El lunes por la noche, con la medalla al cuello, llegó el capítulo de reconocimientos. «Tengo un gran equipo a mi alrededor, ya sea mi esposo, mis hijos, que son unos soldados, mi niñera (este año Macy) o las niñeras que he tenido detrás de mí, mi personal de apoyo, medicina deportiva e incluso USA Bobsled y Skeleton que creen en mí y fueron los que me dijeron:

«Oye, es una idea loca, pero te dejaremos llevar a dos niños a todas partes, a dos niños que ni siquiera oyen, y te apoyaremos. Me ha costado mucho estar aquí, así que no, todavía no lo he asimilado, y dudo que lo haga por un tiempo».

Lo más sorprendente es cuando le preguntan si va a seguir es su respuesta. «Quiero tener otro hijo. Aún no lo sé. Quizás con tres sea muy complicado».