Boxeo: Ex campeón mundial de peso mediano Jorge “Locomotora” Castro murió a los 59 años
El argentino falleció a los 59 años de edad en un Bingo de la localidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires y se vincula su muerte a un cuadro de diabetes.

Jorge Fernando Castro, conocido como El Roña o Locomotora, uno de los boxeadores más explosivos de los últimos, años encontró la muerte este miércoles 14 de octubre a los 59 años en un Bingo de la localidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires y se vincula su fallecimiento a un cuadro de diabetes.
Atrás queda una estadística plagada de victorias, algunas de ellas ya en la historia, derrotas y empates, sintetizadas en números poco habituales para estos tiempos. Castro realizó 144 peleas, de las cuales ganó 130 – 90 de ellas por la vía categórica- perdió 11 -solamente 2 antes del límite- y empató 3.
Fue campeón argentino superwelter, campeón sudamericano superwelter y crucero, Fedelatin en súper mediano y campeón del Mundo, título que logró en agosto del año 1994.
Pero después de esa fría mención de todos sus logros que encierran calientes noches de boxeo, que lo vieron combatir en el Luna Park, en el Madison de Nueva York, en Monterrey, Tokio o París, queda la historia de un boxeador único, irrepetible. Peleador callejero, sin estilo, mandíbula de hierro, manos pesadas, corazón enorme y todo terreno, rebelde al gimnasio, rápido las respuestas: «Soy hincha de Boca, negro y peronista». solía decir. Fue poseedor de un carisma único.

Nació en Caleta Olivia, Santa Cruz, el 18 de agosto de 1967 y a los 20 años se hizo boxeador profesional. De la mano de José Cifuentes, su manager, se paseó una noche por varias redacciones de diarios de Buenos Aires.
Cifuentes -hombre muy hábil para los negocios-, ingresaba a la sección deportes, pedía hablar con el jefe y con una sonrisa sardónica decía: «Le presento a Jorge Castro, el nuevo Gatica».
Castro vino a llenar un vacío gigantesco en el boxeo, tras el cierre del estadio Luna Park, allá por el año 1987. Su presencia fue siempre inevitable símbolo de gran show, peleas calientes y espectaculares y larguísimas filas de aficionados, esperando que abrieran las puertas para llenar cualquier estadio.
De la mano de Osvaldo Rivero, y con el asesoramiento del argentino Luis Spada -el mismo que en su momento guió a Roberto Durán en su regreso al boxeo, después de Leonard-, Castro se convirtió en una figura inevitable para el boxeo. Junto a él, Juan Martín Coggi y Julio César Vásquez conformaron un trío de mosqueteros, que le dieron un aire diferente al boxeo argentino.
Ocurrente, provocador y siempre oportuno para la anécdota, o la frase distinta. Una noche en que peleaba de fondo, mientras todo el mundo intentaba ubicarlo, porque se acercaba el momento de subir al ring, él estaba jugando a los flipper al lado del estadio de la Federación Argentina de Box, totalmente ajeno a todo. Lo fueron a buscar. Con una sonrisa fue al vestuario, se cambió y noqueó.
En una ocasión, Castro llamó a Humberto Speranza -por entonces reportero gráfico estrella de la revista El Gráfico- y en la mesa de masajes en la que se estaba preparando para pelear, trazó el mapa del ring y le preguntó al fotógrafo en qué lugar iba a estar sentado: «Te prometo que lo voy a poner nocaut para vos, dijo, así tenés la mejor foto». Y cumplió. Llegó al campeonato mundial cuando le ganó a Reggie Johnson en San Miguel de Tucumán, agosto de 1994, título mediano WBA.
Iba a meterse en la historia del boxeo grande argentino la noche del 10 de diciembre de 1994, cuando se robó el show en Monterrey, México, en una de las victorias más grandes que dio el boxeo argentino. Iba perdiendo ampliamente ante John David Jackson. Estaba lastimado, los ojos cerrados por el castigo recibido, cuando el árbitro sudafricano Stanley Cristoudoulu le avisó que iba a parar la desigual pelea.

Castro y su esquina, en donde estaba también Oscar Ayala, pidieron un round más y efectivamente en el noveno asalto, ese Castro totalmente lastimado, terminó noqueando, luego de haberse hecho el que estaba groggy, para sorprender a un Jackson quien -cebado por el triunfo cercano- avanzó totalmente descubierto para recibir manos inapelables, que lo pusieron en la lona tres veces. Fue la pelea del año para The Ring y el round del año para la misma publicación.
Irreverente y de mala conducta para entre el gimnasio, se midió con boxeadores como Roy Jones Junior, Terry Norris, Vasili Jirov y Juan Carlos Gómez, porque no respetó ni peso ni condición, peleando con cualquiera fuese cual fuese el quilaje de su oponente.
En 1997 tuvo dos grandes enfrentamientos con la leyenda panameña y latina, Roberto Mano de Piedra Durán. En la primera ganó Castro en Mar del Plata y en la revancha se impuso Durán en Panamá. Más allá de los resultados, fue el choque entre dos peleadores inteligentes y espectaculares.
Castro construyó una de las carreras más prolíficas y espectaculares del boxeo argentino, con un registro profesional de 144 combates que incluyó 130 victorias —90 por nocaut—, 11 derrotas y tres empates. Nacido en Caleta Olivia, Sant Cruz, el 18 de agosto de 1967, el pugilista alcanzó la cima del deporte el 12 de agosto de 1994 al conquistar el título mundial vacante de la categoría mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) frente a Reggie Johnson en Buenos Aires.
